“La misión histórica de los campesinos es alimentar a los pueblos y lo vamos a seguir haciendo, con o sin ley de semillas”: Diego montón – MNCI, Argentina

“La ley de semillas en el marco de un proyecto popular debe garantizar el libre uso y circulación de todas las semillas y prohibir toda apropiación y renta de las corporaciones a partir de las semillas… Sería muy paradójico que en dicho momento un gobierno sancione una ley de semillas que pone a la producción campesina en la clandestinidad.”

Por DIEGO MONTÓN – Movimiento Nacional Campesino Indígena

Muchas gracias. En primer lugar saludar la realización de esta actividad y este debate. Para nosotros es un tema estratégico que hace a los destinos del sector rural y del pueblo argentino. También agradecer la invitación para poder participar de esta discusión.

En segundo lugar señalar que gran parte de lo que vamos a exponer no es solamente una cuestión de reflexión de nuestro Movimiento Nacional Campesino Indígena, sino también de lo que venimos debatiendo con la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC), junto con otras organizaciones aliadas. Ahí lo veía recién a Carlos Vicente de GRAIN, que es también una organización que viene investigando hace un tiempo. Y la idea para hacer un recorrido es que podamos hacer una mirada del contexto global para entender que la ley de semillas no es una cuestión que sea endógena -argentina-, sino que viene de un contexto internacional, para luego pasar a la discusión latinoamericana.

En primer lugar nosotros creemos que esta Ley de semillas tiene que ver con una fuerte ofensiva de las corporaciones transnacionales, que en el marco de las grandes crisis financieras, desarrollaron para sobrevivir. En general vimos dos fuertes estrategias, una tiene que ver con el ajuste hacia los trabajadores, que generalmente se está desarrollando en Europa. Es decir, ir por los derechos de los trabajadores como una forma de salida de la crisis. Pero por otra parte tiene que ver con producir nuevas mercancías, introducirlas en el mercado financiero, y eso tiene que ver con la mercantilización de la naturaleza, con su privatización, la mercantilización de los alimentos y la posibilidad de trasladar los alimentos, los bienes naturales y la tierra al sector financiero, la banca financiera internacional, que son los que hoy están subordinando al resto de los sectores productivos. Entonces la ley de semillas tiene que ver con esa ofensiva y con esas estrategias internacionales de las corporaciones transnacionales. Y no es casualidad que en el mismo año en que se dio la discusión en países europeos, México, Paraguay, Argentina, Colombia, estemos discutiendo proyectos de ley casi similares, con algunas variaciones. Estamos hablando entonces de que esta ley viene de un fuerte lobby, principalmente de la corporación Monsanto, aunque hay un paquete de otras corporaciones que vienen con la misma dinámica con varias metodologías muy cuestionables. También hay que aclarar que en estos países que mencione hay una gran resistencia y en todos esos proyectos de ley, incluso habiendo sido aprobados por sus parlamentos, están relativamente detenidos porque en general los campesinos, agricultores y los pueblos de la ciudad han reaccionado.

¿Cuáles son los 3 ejes fundamentales que nos parecen clave de estas propuestas? Primero con ésta idea de mercantilizar las semillas está la posibilidad de patente, ese es uno de los ejes fuertes de la historia del UPOV. Pero hay dos elementos más que son clave y tienen que ver con que éstas organizaciones identifican a la agricultura campesina como su principal competidor. Uno tiene que ver con la prohibición del libre uso de la semillas. Está muy claro que eso sería un golpe muy duro para la agricultura campesina; el otro, una serie de cláusulas que si uno las suma llevan a la prohibición de la libre circulación de las semillas. Otro golpe que sería no solo para la agricultura campesina, sino para la humanidad. Todo esto se viene haciendo con una excusa, que es el hambre. Es decir 2050 aumentará la población y hay que tener más productividad, pero en paralelo y paradójicamente se van destruyendo mercados locales a lo largo de todo el mundo, que es, para nosotros, el principal factor del aumento del hambre.

Pero antes de entrar en eso hagamos un pequeño relato histórico; la agricultura tiene 10000 años de antigüedad. La mayoría de los cultivos que hoy producimos no son variedades ni especies que estaban en la naturaleza. Ha sido producto del trabajo de generación tras generación de las comunidades campesinas, sobre todo de las mujeres campesinas, a la hora de ir seleccionando. Y así tenemos una gran diversidad de variedades de maíz, papa, soja, en fin, podríamos hablar de mucho más y de cómo la alimentación ha sido asegurada por la agricultura campesina, así como el surgimiento de esa biodiversidad que ha sido capaz de superar muchísimas cuestiones en la historia, podemos hablar incluso de la libre circulación de la papa, el cultivo que surgió a orillas del Titicaca, salvó a Europa de la hambruna. ¿Por qué? Porque las distintas variedades de ese cultivo se adaptaron a cada lugar.

Entonces lo primero que tenemos que decir es que las semillas son patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad y no podemos entonces, a partir de una resolución de la Corte de EEUU que determinó que por un gen que se modifique de una semilla puede ser patentada, todo el mundo siga esa antiética, que es la del imperialismo. El maíz tiene aproximadamente 40000 genes; ¿Por modificar un gen una empresa puede aducir ser la dueña del maíz? Creo que en una ética humanista y de bien común eso no tiene lugar. Después tenemos que ver cómo nosotros asociándonos a un paquete tecnológico que busca en la estrategia comercial juntar dos mercados; éstas corporaciones veían que el mercado de los agrotóxicos iba por un lado y el de las semillas por otro: ¿Cómo juntarlo? Bueno, generando semillas que puedan patentarse y que sea obligatorio para el productor usar grandes cantidad de agrotóxicos. Ese es el objetivo de la biotecnología en manos de las grandes corporaciones. Dejo por otro lado la discusión sobre la biotecnología que muchos gobiernos del mundo todavía hoy la usan pensando en beneficio de la humanidad, que es discutible.

Las cuatro principales comercializadoras de granos –ABC, Cargil, Bunge, Dreyfus- manejan el 90% del mercado de granos en el mundo. Monsanto el 27% del mercado mundial de semillas, y el 90% del mercado de semillas transgénicas. Y junto con otras empresas, Monsanto tiene el 93% de agrotóxicos. Ahí tenemos que agregar otra cuestión; no hay libre mercado, hay un mercado global rehén de las corporaciones. Un solo dato voy a poner, con sólo un cuarto de las tierras arables del planeta la agricultura campesina alimentaria al 70% de la población mundial; y otro dato de la FAO: más del 40% de la comida que se produce en la agricultura industrial se pierde por descomposición. Nadie puede decir científicamente que es la agricultura industrial, de la mano de las corporaciones la que alimenta a los pueblos. Y si lo hacen, están faltando a la verdad. No hay un problema de productividad, en eso hay que ser claros, hay un problema de acceso y distribución de los alimentos.

Vamos a ir rápido a la Argentina porque ya sé que me queda poco tiempo. La matriz es similar. Todo esto pasó en un contexto neoliberal, así se aprobaron leyes transgénicas y es incompatible ese modelo de agricultura que subordina nuestra tierra y geografía a las transnacionales con un proyecto de país que sea popular, pensado para el bien común. Ahí tenemos que hablar de muchas cosas que pasan en nuestro país: desalojos, agrotóxicos, contaminación, informes del INTI que hablan de madres en Buenos Aires con agrotóxicos en la leche materna. Vamos a avanzar porque creo que todos conocemos lo que se padece en las ciudades y en las comunidades rurales por este sistema agroalimentario. Vemos cómo aumentan los precios de los alimentos todos los días, no voy dar los datos ahora porque se me va el tiempo, pero está claro que nuestra economía, nuestros productos alimentarios, la manejan unas 28 corporaciones. Son nacionales entre comillas, Molinos y Arcor porque parte de su paquete accionario ya es extranjero y el resto son empresas transnacionales. Eso también afecta nuestra democracia porque ya vemos en Venezuela con el desabastecimiento. Cómo cuando el abastecimiento y la distribución de los alimentos está en manos de las corporaciones, cuando ellas quieren pueden hacer lo que quieran con nuestra democracia. Ese modelo no es compatible con la democracia.

Vamos rápidamente a nuestra propuesta sobre lo que pensamos de la ley de semillas. En primer lugar una aclaración; hay una renta diferencial de nuestra tierra que es obvio que nuestro país en esta etapa debe utilizarla. Tenemos antecedentes muy interesantes como el IAPI que fue una política agraria, estatal, que subordinó esa renta a los intereses comunes y no solamente a un grupo de corporaciones. Entonces ahí necesitamos asociar esa política de regulación estatal con la política de integración regional porque para reemplazar a las corporaciones que son las que llevan los granos de nuestro país a Europa, a China, tenemos que tener una política como UNASUR.

Tenemos que repensar la función social de la propiedad, cómo agregar valor a la producción pero con la industria local, dándole trabajo a la juventud campesina, a la infraestructura rural, créditos y subsidios. Y la ley de semillas en el marco de un proyecto popular debe garantizar el libre uso y circulación de todas las semillas y prohibir toda apropiación y renta de las corporaciones a partir de las semillas. Por último, tenemos que fortalecer la producción local de semillas, articulando tanto las instituciones como las organizaciones de campesinos, para que la producción de semillas sea local y se dé en función del clima y de las distintas situaciones específicas. Aquí hay soberanía alimentaria y popular o subordinación a las transnacionales. Esta es un poco la discusión de libertad, democracia o neocolonialismo. Y para terminar, el 2014 está declarado por la FAO “Año internacional de la agricultura familiar”. Sería muy paradójico que en dicho momento un gobierno sancione una ley de semillas que pone a la producción campesina en la clandestinidad. Sin embargo, nosotros vamos a aclarar que la misión histórica de los campesinos es alimentar a los pueblos y lo vamos a seguir haciendo con o sin ley de semillas. Muchas gracias.

Exposición durante el “Encuentro Ley de Semillas. Qué opina cada sector”, Diciembre de 2013

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